Tan acertada que nos parece en estos tiempos aquella frase que nos regaló el Estadounidense Edward Hopper "Si pudiera decirlo con palabras, no habría razón para pintar".

Y es que a decir verdad, las obras que te presentamos a continuación llevan consigo un significado tan profundo y a la vez sorprendente, que difícilmente podría expresarse claramente con de manera coloquial, y precisamente he ahí la magia del arte, la manera de retratar una realidad (o no) a través de los ojos, pensamiento y perspectiva de cada pintor. Aquí te damos un ejemplo.

 

 Las vacaciones de Hegel, René Magritte

Una sombrilla y un vaso bastan para resumir un tratado filosófico histórico de manera pródiga por parte de René, el cual, hace una demostración de cómo mediante la pintura se pueden crear debates, conjeturas y conocimiento, puesto que logró retratar la singularidad de la tesis, síntesis y antítesis reflejada en la ironía de la función del paraguas al ser receptora y a la vez instrumento para repeler el agua. Impresionante.

 

 El beso,Gustav Klimt

Bastante se ha hablado de la composición de éste cuadro de Gustav, desde su contexto histórico, hasta los colores, estilo, formas, mensaje y elementos que la hacen una pieza invaluable para la historia.

Lo cierto es que el autor va más allá de reflejar una pareja propiamente dándose afecto, teniendo connotaciones más allá de lo temporal y espacial, reflejando la trascendencia del amor en nuestras vidas; no solo en pareja, sino en cualquier contexto, este cuadro se da en el inicio de la "época dorada" de Gustav Klimt y hasta la fecha hay estudiosos del tema analizando dicha obra.



 El Grito, Edvard Munch

 

Cómo podríamos imaginar que la icónica obra de Munch se trata nada más y nada menos que de un autorretrato.

Así es, a diferencia de como lo hizo Van Gogh con sus obras sobre si mismo, el autor no reflejó su apariencia física, sino una sensación que vivió justo al atravesar el puente que podemos divisar en el fondo. Dicha pintura forma ya parte de la cultura popular y de no ser por ese escalofrío que sintió Edvard en ese momento jamás la hubiéramos podido presenciar.

 

La joven de la perla, Johannes Vermeer

No es perla, es plata, fin.

Uno de los enigmas más grandes de la historia del arte versa sobre éste pendiente que lleva la señorita, la cual hay quienes aseguran se trata de un claro de luz que se escapa por entre el cabello de la modelo, otros afirman se trata del lóbulo de la misma.

Lo cierto es que a pesar de ser una parte tan diminuta del cuadro, es impactante la forma en que Vermeer logró que el punto de atención se colocara completamente en el pendiente y no la chica.

Muy impresionante ¿no crees? síguenos para seguir descubriendo juntos los secretos del arte.