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La presencia de La Mona Lisa

por Kevin González en August 04, 2020

Por Silvana Reyes

Antes de la pandemia global, se podía viajar sin ninguna preocupación. Se podía viajar y punto. Afortunadamente, mi viaje a Europa fue en 2017, cuando me fui de intercambio a País Vasco en mi cuarto año de universidad. Como toda persona emocionada por cruzar el Atlántico para conocer la otra parte del mundo, yo me puse a organizar pequeños viajes en mi estadía, para poder conocer algunos otros lugares aparte de España. Uno de ellos fue París.
 
París, la ciudad del amor. No es sorprendente que yo haya pisado esta ciudad, haya querido ir a conocerla. París es emblematica. Por muchas razones, pero más que nada por la historia que tiene. Las películas que hemos visto durante toda nuestra vida nos han dado un pequeño vistazo a lo que se supone que París es. Amélie, Moulin Rouge, Ratatouille, El codigo Da Vinci. Cada una nos muestra la esencia que esta ciudad trasmite; cafés a la orilla de la calle, museos, la comida, el arte. Es por eso que decidí ir a visitarla.
 
No les aburriré con mi recuento de todo lo que hice en París, porque ese no es el punto de este escrito. Me enfocaré en mi ida al museo Louvre, un museo que contiene demasiadas obras de arte y esculturas que no puedes ir solo un día a ver todo. Su apertura fue en 1793, pero 237 años después aún sigue siendo el lugar donde la gente se reúne. Estoy segura que este monumento ha visto de todo: citas en donde las dos personas aún no se conocen, salidas de escuela, momentos inolvidables entre amigos, y muchas cosas más. También estoy segura que nos va a sobrevivir a todos y siempre se mantendrá estable, segura y majestuosa en la ciudad de París.

Museo de Louvre

Una de las razones por las que quería entrar a este museo, y posiblemente todos estén de acuerdo conmigo en esto, es porque quería ver La Gioconda, o La Mona Lisa. Una de las pinturas más famosas del mundo, no solo por la belleza o la técnica usada, sino también por la inspiración que esta obra le ha dado al arte. La Mona Lisa es una de esas obras que la hemos visto demasiado, pero realmente nunca la hemos visto en persona, ¿saben? Sabemos tanto de ella, ya sea por clases de historia en nuestra infancia o por investigación personal, que pensamos que ya es parte de nuestras vidas. Pero realmente yo nunca la logré entender hasta que me paré enfrente de ella.

 

El Louvre es un laberinto. Para llegar a La Mona Lisa tuve que pasar antes por muchas obras de arte. El Louvre te llena de vida. Porque alrededor tuyo está la historia. Estás en la presencia de reyes, reinas, héroes y villanos. Y todos ellos tienen algo que decir incluso en la muerte. Es como si te hablaran, cuando pasas por sus pasillos. La gente habla a tu alrededor, todos están pendientes de su propia vida, pero eres tú la que se fija detenidamente en esos rasgos, pinceladas y colores. En esas curvas, en esos gestos y en la manera en que están parados.

Louvre 2

Llegas a un punto en donde es fácil saber en donde se encuentra. Solo sigue a las personas, ¿no? Somos como abejas en busca de flores, y todas nos dirigimos al mismo sitio. Eso te dice que va a estar un poco conglomerado, pero nada te prepara a la realidad del asunto.

 

Al imaginarte La Mona Lisa, ¿cómo aparece en tu mente? ¿Grande? ¿Pequeña? ¿Imponente? ¿Dramática? Es todo eso y más. Desde mi experiencia, yo me la imaginaba… diferente. Pequeña, pero probablemente no tan pequeña como realmente es. Definitivamente nunca me la imagine detrás de un vidrio antibalas, pero es lo que es. Es una pintura muy famosa; una pintura que robaron en 1911 y no la encontraron hasta dos años después. A pesar de todo lo dicho, La Mona Lisa nos tiene como sus súbditos. Nos tiene parados enfrente de ella; masas de gente, intentando echarle un vistazo. Tienes que usar codos, brazos y manos para darte paso hacía su presencia. No es tan sencillo si pesas menos de 60 kilos pero tampoco es imposible. En algún momento de tu batalla contra las otras extremidades de la gente a tu alrededor, llegas a la primera fila.

La Mona Lisa

Impresionante, ¿no? Todo este viaje y finalmente llegas a tu destino. La gente te sigue empujando, queriendo tenerla más de cerca. (Imposible ya que hay una barda de seguridad). Pero todo eso no te importa cuando sus ojos no te dejan de observar. Es como si todo tu cuerpo se haya detenido por completo; los brazos ya no te funcionan, tus piernas, ya cansadas de tanto caminar, se mantienen en descanso. Las voces de la gente desaparecen lentamente y en ese momento, tu respiración es lo único que escuchas.

 

No importa que sea pequeña y difícil de ver, ¿saben? Yo creo que ese no es el punto. La historia retrata el pasado para las futuras generaciones. La Mona Lisa es un capítulo más. Posiblemente no tan importante para nosotros que para los italianos, pero es parte de este mundo y nosotros la volvimos importante. Los detalles que se concentran en esa pintura marcan la vida de da Vinci; en qué época estaba, en dónde se encontraba, en qué estilo pintaba etc. ¿Las fotos que pones en retratos en tu casa? Es tu vida que se encuentra alrededor de ti. Hijos, nietos, bisnietos, todas las futuras generaciones tendrán ese vistazo hacia tu realidad y podrán regresar a ella para poder revivir momentos históricos y memorables.

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